Jesús María Echeveste Toledo, asesinado SIN JUSTICIA

Este asesinato también quedó SIN JUSTICIA. El relato del suceso es estremecedor, como todos. El hombre no murió en el acto, sino que recibión los disparos en el brazo y abdomen. Se pidió donaciones de sangre para intentar que llegara el milagro. Pero no fue posible. Dicen que pudiera ser un fallo… ¿Un fallo? Un error es equivocarte de número de piso al llamar al telefonillo. Cuando se dispara contra alguien es todo con unas firmes convicciones e intenciones de matar o asesinar. Lo dicho, SIN JUSTICIA.

Jesús María Echeveste Toledo, 46 años, industrial aduanero de Irún, casado y sin hijos, resultó muerto en atentado en la mañana de ayer, al ser alcanzado por los disparos de tres desconocidos, en una calle próxima a la comisaría de policía de esta localidad.

Aproximadamente a las diez y media de la mañana, un Ford Fiesta, de color oro metalizado, matricula SS-4140-J, interceptó al señor Echeveste Toledo cuando se dirigía a su trabajo. Dos jóvenes encapuchados abrieron inmediatamente fuego contra él, dándose posteriormente a la fuga junto con un tercer individuo que les esperaba en el interior del vehículo.Según fuentes policiales, el coche había sido robado a las ocho y media de la mañana en el barrio donostiarra de Amara, y su propietario, atado a un árbol en un monte de la localidad de Oyarzun, sita en la carretera en dirección a Irún.

El señor Echeveste fue conducido inmediatamente a la residencia sanitaria Nuestra Señora de Aránzazu, de San Sebastián, en donde falleció mientras era intervenido quirúrgicamente. La operación requirió de varias transfusiones de sangre, del tipo A negativo, por lo que se realizaron llamamientos de urgencia a través de las emisoras locales, pero, pese a este esfuerzo, no pudo hacerse nada por salvarle la vida. El parte médico señala que el herido ingresó en el centro con tres disparos de bala que le afectaron la columna vertebral, el abdomen y un brazo.

En el lugar de los hechos no fue hallado ningún casquillo de bala, por lo que se supone que las armas utilizadas en el atentado no fueron metralletas.

El señor Echeveste regenta, en unión de otros dos hermanos, la agencia de aduanas Sucesores de Etxeandía. Aunque las informaciones iniciales lo señalaban como afiliado al PNV, este extremo quedó posteriormente desmentido, señalándose que quien pertenece realmente al Partido Nacionalista Vasco es su hermano Francisco. Fuentes familiares han desmentido que la empresa, atravesase por ningún conflicto laboral

Fuente: El País

A las 8:45 horas del 28 de agosto de 1980 la banda terrorista ETA asesinaba en Irún (Guipúzcoa) a JESÚS MARÍA ECHEVESTE TOLEDO cuando se dirigía andando desde su domicilio a su trabajo como apoderado en la agencia de aduanas Sucesores de Echeandía, de la que era copropietario con su hermano, un negocio que habían heredado de su padre. Ese trayecto andando, de aproximadamente medio kilómetro, y a esa hora, era su rutina diaria.

La mañana del 28 de agosto salió a la calle Fueros, donde vivía con su mujer, Milagros, y la cruzó para dirigirse al quiosco de prensa, donde compró un periódico y un paquete de tabaco. A continuación, se dirigió por la calle Berrocarán, mientras le echaba un vistazo al periódico. Al llegar a la altura del Bar Weekend le salió al paso un terrorista que disparó dos veces con una escopeta de cañones recortados. Jesús María cayó de bruces sobre el maletero de un vehículo estacionado en la calle y después quedó tendido en el suelo. El terrorista, con un cómplice que le daba cobertura, se montó en un Ford Fiesta estacionado en doble fila donde les esperaba un tercer etarra, al parecer una mujer. El vehículo había sido robado a su propietario en el barrio de Amara en San Sebastián esa misma mañana. Los terroristas lo dejaron atado a un árbol en la localidad de Oyarzun.

Jesús María Echeveste, gravemente herido, hizo un amago de incorporarse, pero viendo que no podía, solicitó ayuda y que llamasen a una ambulancia. La víctima había recibido varios impactos de posta en el brazo izquierdo, en la zona abdominal y en la columna. Alguien avisó a la empresa de la que era copropietario y personal de la misma se trasladó al lugar donde Jesús María yacía en el suelo. Minutos después, una ambulancia de la Cruz Roja lo trasladó a la Residencia Sanitaria Nuestra Señora de Aránzazu. En un primer momento no se le pudo intervenir, debido a que su estado era crítico y a que hacía falta sangre de su grupo sanguíneo. Se hizo un llamamiento público y la respuesta fue masiva, llegando donantes de distintas localidades de la provincia. Hacia las 14:15 horas falleció cuando estaba siendo intervenido.

El mismo día del asesinato, representantes del Partido Nacionalista Vasco (PNV), del Partido Socialista de Euskadi (PSE-PSOE) y del Partido Comunista de Euskadi (PCE) de Irún hicieron público un comunicado en el que convocaban a todos los iruneses a una manifestación silenciosa al término del funeral por el alma del empresario.

Jesús María Echeveste Toledo tenía 46 años y era ingeniero industrial. Estaba casado y no tenía hijos. La víctima carecía de vinculaciones políticas conocidas, aunque era simpatizante del PNV, partido al que, según informó el diario ABC (19/08/1980), estaban afiliados su mujer y su hermano. Este mismo periódico señaló que nadie sabe el motivo por el que fue asesinado, porque mientras unos negaban que hubiese recibido amenazas, otros señalaban que se había negado a pagar el llamado impuesto revolucionario. También hubo rumores de que su asesinato se hubiese debido a una equivocación de la banda terrorista, pues un miembro de la ejecutiva de UCD, que había abandonado Guipúzcoa tres meses antes al conocer que estaba en una lista de ETA, vivía en el mismo domicilio que Jesús María y Milagros.

Fuente: Libertad Digital

José Naranjo Martín, asesinado SIN JUSTICIA

Un padre de familia acude a su puesto de trabajo. Lleva una bolsa de comida en la mano. Es Policía Municipal de Elorrio. Al igual que el resto de sus compañeros no porta arma reglamentaria, pese a ir vestido de uniforme. Dos cobardes se acercaron y asesinaron por la espalda a este Agente de la Autoridad. Los casquillos, la munición, el modus operandi indicaba hacia ETA. Sus siete hijos, su esposa, resto de familiares y amigos quedaron huérfanos… y SIN JUSTICIA.

José Naranjo Martín

José Naranjo Martín

José Naranjo Martín, de 50 años de edad, casado y padre de siete hijos, policía municipal de Elorrio, fue asesinado anoche por la espalda, de dos impactos en la cabeza, en dicha localidad vizcaína, a 40 kilómetros de Bilbao por dos desconocidos, miembros, presumiblemente, de la organización terrorista ETA Militar. El atentado se produjo en la calle de San Pío X minutos antes de las 22 horas, cuando el agente se dirigía desde su casa, en la calle Hospital número 22, hacia el cuartelillo de la Policía Municipal, en el ayuntamiento de Elorrio, para incorporarse al turno de noche. Dos individuos que viajaban a bordo de un vehículo Chrysler 150, de color blanco, descendieron del mismo y efectuaron dos disparos, con una pistola automática, que hirieron mortalmente por la espalda a José Naranjo.

Intensos rastreos policiales

La víctima, natural de Moral de Calatrava (Ciudad Real), quedó tendida en la calzada mientras sus agresores huían a bordo del Chrysler, matrícula de Bilbao 4020-P, que a última hora de la noche de ayer era intensamente buscado por la zona por fuerzas de la Policía Nacional, Guardia Civil y Policía Autónoma Vasca. En el lugar del atentado fueron hallados dos casquillos de bala marca FN, de fabricación belga, calibre 9 milímetros parabellum, munición habitualmente utilizada por ETA Militar. Vecinos y compañeros de la víctima indicaron que José Naranjo, del que se desconocía cualquier afinidad política concreta, nunca había manifestado haber sido objeto de amenazas.

El policía municipal, murió prácticamente en al acto alcanzado por varios balazos en puntos vitales de su cuerpo como el tórax y la cabeza.

El agente nunca fue amenazado

Consolación Fernández, esposa de José Naranjo Martín, manifestó a la agencia Efe anoche que su marido nunca había sido amenazado. La viuda del agente, entre sollozos, aseguró que su esposo “era muy buena persona, nunca hablaba de política, sólo le importaba el fútbol y otras cosas sencillas de la vida”.Muy afectada por el suceso, Consolación Fernández no pudo seguir hablando y fue otro familiar quien aseguró que José Naranjo “era muy querido por todos en Elorrio. Llevaba 19 de servicio en la Policía Municipal y nunca le habían amenazado”. Más adelante, agregó, que tenían siete hijos, el mayor de 22 y la pequeña de nueve. Todos vivían con el agente, salvo una hija que vivía en Tolosa. El citado familiar dijo que en el momento del atentado José Naranjo “iba a trabajar, como todos los días, de uniforme”. No portaba ningún tipo de arma, como el resto de sus compañeros de cuerpo en esta localidad y solamente llevaba una bolsa con algo de comida.

Fuente: El País

Antonio Velasco Benito, asesinado SIN JUSTICIA

Un ametrallamiento ocurrido en el centro de Bilbao. Un Guardia Civil cumpliendo su Servicio asignado es asesinado. Nadie ve nada, nadie oye nada, nadie se fija en nada… Este asesinato también está SIN JUSTICIA.

Antonio Velasco Benito

Antonio Velasco Benito

Don Antonio Velasco Benito, Guardia Civil, natural de la localidad de Pedrosillo de los Aires (Salamanca), de 40 años de edad, casado; fue asesinado por tres miembros de la banda terrorista ETA (dos hombres y una mujer), que efectuaron varios disparos sobre él, a las diecisiete horas treinta y cinco minutos del sabado 21 de abril de 1984, desde un automóvil (que previamente habian sustraido), cuando prestaba servicios de vigilancia en una de las puertas de la Audiencia Territorial de Bilbao, en pleno corazón de la capital vizcaina.

El agente se encontraba en la parte exterior del Palacio de Justicia cuando fue alcanzado por tres disparos ( en el craneo y muslo derecho), que le causaron la muerte en el hospital de Basurto, a las dieciocho horas y treinta y cinco minutos.

Fuente: Matrix

Aniversario Atentado de ETA contra Casa Cuartel Guardia Civil en Burgos

Se cumple en estos momentos el aniversario del atentado terrorista de ETA contra la Casa Cuartel de la Guardia Civil de Burgos, sus agentes y las familias que dormían en las instalaciones. Los asesinos hicieron todas las operaciones previstas para intentar causar una masacre: estacionaron una carga explosiva por la noche en las inmediaciones, no avisaron de la colocación ni de la hora en que iba a estallar, programaron el temporizador para que volara por los aires y ellos estuvieran lejos de allí.

Los agentes y sus familias aún hoy reciben asistencia psicológica y médica por aquél atentado terrorista. Gracias a Dios y a la Virgen del Pilar no hubo que lamentar fallecidos.

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TERRORISTAS ETA ATENTADO CASA CUARTEL GUARDIA CIVIL BURGOS

DANIEL PASTOR ALONSO, IÑIGO ZAPIRAIN ROMANO y BEATRIZ ETXEBARRIA CABALLERO, miembros integrantes del comando Otazua de la organización terrorista ETA, siguiendo instrucciones, decidieron atentar contra la casa cuartel de la Guardia Civil, sita en la avenida de Cantabria de la ciudad de Burgos, para lo cual los tres se desplazaron a Burgos para recopilar información sobre el lugar donde colocar una furgoneta con explosivos, así como sobre matrículas de vehículos furgoneta, que transmitieron al responsable en Francia con la finalidad de fabricar placas de matrícula que colocarían en el mismo, evitando infundir sospechas al comprobar las matrículas de los vehículos estacionados.

Para seguir adelante con sus planes, los tres se desplazaron a Francia, donde un cuarto miembro de la organización les suministró una furgoneta marca Mercedes modelo Vito, de color verde, con matrícula francesa 7561-TY-87, con número de bastidor WDF63960113707506, que había sido sustraída en Francia a su propietario el 10 de abril de 2009 en la localidad de Pevrat Le Chateau, dirigiéndose a Alava donde estacionaron el vehículo. Pintaron la furgoneta de color blanco, y DANIEL PASTOR ALONSO, colocó en la misma una placa de matrícula 8686BRG que se correspondía a la de una furgoneta de la misma marca Mercedes, modelo Vito, cuyo propietario era un vecino de Burgos, lo que les permitió estacionarla en las inmediaciones de la Casa Cuartel. La placa de matrícula y la troqueladora con la que se confeccionó habían sido sustraídas a la empresa Disprauto de Usúrbil (Guipúzcoa) por la organización terrorista, sustracción reivindicada por ETA el 13 de mayo de 2002 en el diario Gara.

Los tres miembros del comando se dirigieron a Burgos por carretera. IÑIGO y BETRIZ en un vehículo que daba cobertura durante el trayecto a DANIEL que condujo la furgoneta cargadacon material explosivo hasta dicha ciudad, donde sobre las 14:15 horas del día 28 de julio de 2009 estacionó la furgoneta en una zona habilitada como aparcamiento, sita en la parte trasera del acuartelamiento de la Guardia Civil, calle Jerez. Una vez aparcada la furgoneta preparada para explotar a la hora prevista, DANIEL PASTOR se dirigió a la parada de taxis sita en San Fran Yagüe de Burgos, punto que está a 300 metros del aparcamiento, donde Daniel tomó un taxi y se dirigió al lugar que había concertado para encontrar a Betriz e Iñigo para regresar juntos a Bilbao.

Sobre las 04:00 horas del día 29 de julio de 2009, explotó la carga colocada en el interior de la furgoneta, que consistía en un artefacto compuesto por unos 700 metros kilogramos de amonal,que contaba con un sistema temporizado de activación de la carga explosiva, compuesto por un cajón externo integrado por un armazón en cuyo interior estaba la carga explosiva, el amonal con multiplicadores compuestos por un tubo cegado por algún tipo de explosivo reforzador. El atentado fue reinvindicado por la organización terrorista E.T.A mediante un comunicado publicado en las ediciones de los diarios “Gara” y “Berria” de fecha 9 de agosto de 2009. En dicho atentado resultaron heridas de diversa consideración CIENTO SESENTA, habiendo precisado todas ellas asistencia médica.

Fuente: El Mundo

Os dejamos unas cuantas imágenes para recordar que la banda terrorista ETA, junto con su brazo político -sea Herri Batasuna, Amaiur, Bildu-, tienen muchos atentados a sus espaldas, que nunca han condenado y menos se arrepintieron:

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“Los trenes del 11 m”, de Carlos Sánchez de Roda

A continuación os mostramos los inicios de la gran obra literaria documental “Los trenes del 11 m”, cuyo autor don Carlos Sánchez de Roda ha tenido la amabilidad de hacernos llegar.

Uno de los enigmas más oscuros fue el envío a chatarrerías de los trenes, o vagones de los diferentes convoyes, donde estallaron las bombas de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. ¿Quién dió la orden? ¿Qué características impregnaron dichos compartimentos? Si se podían o no considerar fundamentales para la realización de pericias posteriores a fin de conocer el explosivo utilizado, la composición, cantidad y si se usó metralla o no -como afirmamos muchos testigos presenciales y víctimas del atentado-, fueron enviados a destrucción apenas unos días después de la explosión.

Éstas y otras preguntas, dudas, agujeros, sombras y penumbras se analizan en esta estupenda obra que aconsejamos sea leída por aquellos que conservan muchas dudas sobre la llamada “versión oficial”, que va camino de desbancar del primer lugar de la mentira al billete de doce euros de la Unión Europea.

 

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¿A QUIÉN BENEFICIA LA OSCURIDAD SOBRE EL 11-M?

Han pasado ya once años de aquel atentado perpetrado en el escenario de los Trenes de Cercanías del Corredor del Henares. La fecha elegida, la hora, el lugar, la simultaneidad de las explosiones, la explotación de los daños causados, todo, hacía pensar que no se trataba de un acto terrorista del tipo de los que habitualmente hemos vivido en la España del terrorismo interno. Inicialmente, parecía verosímil la imputación a ETA que hicieron nuestras clases dirigentes por unanimidad. Unas pruebas, aparecidas el mismo día once y siguientes, hicieron cambiar la imputación hacia el terrorismo islámico-yihaidista. Posteriormente, las pruebas mostraron indicios de falsedad y, al día de hoy, hay evidencias, procedentes del periodismo de investigación, que confirman la segura falsedad de las mismas. Desde ningún órgano estatal ha habido respuesta documentada que contradiga las aludidas aseveraciones periodísticas. Las acusaciones populares y el Ministerio fiscal tampoco han hecho uso de ellas.

El año pasado se cumplió el décimo aniversario del atentado que cambió el rumbo con el que España iniciaba el siglo XXI. Algunos, víctimas o no de aquella maldita tragedia, pensábamos que con diez años de mirada retrospectiva y, vista la falta de autores en la sentencia, podría ser el momento adecuado para que se abordara una investigación seria, profesional y profunda de los hechos. Los que algunos percibíamos como el pistoletazo de salida que permitiría a los autores traer los males que nos aquejan. Muy al contrario de ser el momento adecuado para investigar los hechos, parece que se insiste en la pertinaz ocultación de la luz. Y ello con el consenso y la aquiescencia de todos los estamentos del Estado. ¿Qué interés pueden tener en mantener la oscuridad? ¿A quién beneficia esta situación? ¿Sólo a los autores? Pienso que ni las víctimas ni el pueblo podemos aceptar sin más este desconocimiento de la verdad de lo ocurrido.

Durante este tiempo se han publicado bastantes libros sobre los Atentados del 11-M. Unos trataban de apuntalar lo que se ha dado en llamar la versión oficial; otros tenían un marcado carácter informativo, limitándose a narrar los hechos documentados y hay algunos que tenían un carácter de novela narrativa. Para mí todas las publicaciones, sean del género que sean, tienen un valor, pues sirven para impedir que, el manto de silencio impuesto, se desvanezca y España no se olvide de sus mártires recientes. Un hecho tan trascendental para la vida de tantos españoles no puede ni debe quedar como un mero apunte para la Historia, como dijo un expresidente del Gobierno en alguna desafortunada intervención pública. Si así fuera, ¿cómo juzgará la misma Historia a los presidentes y a todos los actores públicos de este nefasto período de la misma?

El libro que tiene en sus manos no es uno más de los ya publicados, en mi opinión se trata de un documento histórico y gráfico. Es un libro que recoge de manera sintética el trabajo del autor, con la colaboración de un equipo de personas que han trabajado en ello porque su conciencia —¿qué significa hoy este término?— no les permitía dormir tranquilos. Por ello han trabajado, utilizando parte de su tiempo y sus conocimientos, con la intención de buscar la verdad de unos hechos que se nos han ocultado sistemáticamente. Otras conciencias, las de los autores y encubridores, parecen no tener problemas para conciliar el sueño. Sólo se inquietan cuando hay alguna novedad que pueda aproximarnos a la vedad de los hechos. Recuerdo lo nerviosos que se mostraron algunos cuando apareció en Villaverde el foco del tren de Santa Eugenia.

Un atentado como éste, del que no se conoce el nombre de los inductores, ni el de los autores materiales, ni los móviles para asesinar a 192 inocentes y a 1850 a nivel de tentativa, también desconocemos los artefactos utilizados y los tipos de explosivos… Resulta inconcebible e inexplicable que los trenes, escenario de este crimen de lesa humanidad, desaparecieran con toda celeridad. Si además, como se describe en el libro, desconocemos el paradero de noventa toneladas de materiales, podemos intuir que no se trata de un libro con unos contenidos opinables sino con datos objetivos. Las muestras para las periciales, tomadas durante días por los Tedax, también desaparecieron hasta el extremo de no poder contar más que con 23 muestras procedentes de doce focos de explosión y cuya idoneidad era más que discutible. En el tren de la calle Téllez sólo se recogieron dos muestras de los cuatro vagones explosionados.

Los Trenes del 11-M recogen la historia detallada del desguace de los escenarios del crimen más grande y más abominable del terrorismo en España y en Europa. El autor plasma en estas páginas, con profusión de imágenes, el recorrido de esta enorme prueba de importancia judicial e histórica, desde el momento del crimen hasta la reciente desaparición del foco del Tren de Santa Eugenia que, a pesar de no haber desaparecido con la celeridad de los otros, sirvió para lo mismo, para no ser utilizado en la investigación del atentado. Todo este cúmulo de despropósitos, sin ser advertido por el Juez Instructor, por la Fiscalía, por el Tribunal que juzgó y sentenció a Jamal Zougan, por el Tribunal Supremo y por casi todos los medios de comunicación de la España democrática. A pesar de la gravedad de los hechos, los responsables de la desaparición de los trenes no han sido acusados ni juzgados y algunos han recibido ascensos y condecoraciones.

Hace unos días me comentó una amiga que, hace años, sufrió un accidente de automóvil y su vehículo quedó conservado y a disposición judicial durante dos años, afortunadamente no hubo víctimas mortales. Casos, no muy distantes en el tiempo, como los accidentes del Metro de Valencia y el Tren de Santiago, creo que los restos han recibido un tratamiento más acorde con el Código Penal y la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Por cierto, el primero de los casos, pese a haber sentencia firme, ha sido reabierto. Creo que ni la importancia del caso, ni las víctimas, merecemos un agravio comparativo con las de la Comunidad Valenciana.

Quiero cerrar este prólogo manifestando mi sincero agradecimiento hacia el autor, hacia la editorial Última Línea, así como a todos los que con sus aportaciones han hecho posible satisfacer las exigencias de las víctimas y de todos los que un día, hace ya once años gritaban «QUEREMOS SABER». Aquí pueden encontrar una parte importante y objetiva de lo que queríamos saber. En nuestras manos está el exigir la parte pendiente de TODA LA VERDAD de lo ocurrido desde aquella fecha hasta hoy.

Gabriel Moris Noguera Año 2015.

11º Aniversario del 11-M.

INTRODUCCIÓN

Uno de los asuntos más intrincados y misteriosos de los muchos relacionados con el atentado del 11-M es lo ocurrido con los trenes y con lo recogido en ellos.

El misterio comenzó a fraguarse el mismo 11 de marzo cuando dentro de la estación de Atocha se retiraba y se hacía desaparecer masivamente material de los focos de explosión. Esa actuación se repitió después con los demás trenes, hasta el punto de que si se recopilan las toneladas de material dadas por Renfe como vendidas para el desguace, y se comparan con las iniciales de los trenes, descontando el material recuperado por Renfe, se obtiene una diferencia de unas 90 toneladas. Gran parte de lo desaparecido consiste en mobiliario, asientos, revestimientos interiores, ventanas, puertas… Pues bien, en el informe pericial conjunto, realizado por peritos de la Policía y de la Guardia Civil con fecha del 24 de junio de 2005, se dice: «los efectos fueron devastadores, tanto en las personas que allí se encontraban como en el mobiliario de los vagones (asientos, revestimientos interiores, ventanas, puertas…). El estudio de estos efectos, junto con los resultados de los análisis químicos realizados, es determinante para establecer la cantidad y tipo de explosivo utilizado en cada artefacto». El estudio de esos elementos era pues determinante, pero empezaron a desaparecer el mismo 11 de marzo de 2004.

Cuando los peritos se pusieron a trabajar en la elaboración del citado informe pericial conjunto, como habían desaparecido casi todos los trenes, tuvieron que pedir al juez instructor material gráfico que investigar, y el juez les facilitó imágenes procedentes en su mayoría de Renfe, Bomberos y Policía Municipal. Al parecer, los trenes se destruyeron sin haber realizado antes un reportaje gráfico pericial que sirviera para posibles estudios posteriores.

El tren que explotó en Santa Eugenia no se desguazó, se conservó durante 6 meses y se reparó, conservándose en el taller el material retirado del foco. El responsable de la reparación declaró judicialmente que policías y guardias civiles inspeccionaron los restos del tren en el taller. Cuando Libertad Digital descubrió la existencia de esos restos, intervino la Fiscalía, que ordenó su precintado y procedió a investigarlos. El resultado de esa investigación fue una nota hecha pública en la que la Fiscalía afirmaba que «se ha constatado la adopción de medidas para la conservación de dichos restos, ante la eventualidad de posibles análisis posteriores». Pues bien, a pesar de esas medidas de conservación para eventuales análisis posteriores, tanto en el sumario como en el juicio oral ni siquiera se menciona su existencia. Y en varias periciales de este tren, los peritos ignoraron importantes efectos de la única de las diez explosiones que podían investigar directamente, y cometieron importantes errores.

No se conoce ninguna prueba recogida en ninguno de los trenes que haya servido para tratar de identificar a ninguno de los terroristas. Ni siquiera en el tren de Santa Eugenia, por cuya explosión se produjo la única condena de un autor material, y cuyos restos se conservaron durante nueve años, se conoce que se haya hecho estudio alguno para buscar posibles pruebas de lo ocurrido en ese lugar y comprobar la verosimilitud de las declaraciones testificales en las que se basó la condena.

Durante más de un año, cada vez que aparecían clavos o tornillos en cualquier lugar posiblemente relacionado con el atentado, el juez ordenaba hacer informes periciales de comparación de esos clavos y tornillos con los recogidos en los trenes. Los peritos los comparaban únicamente con un clavo recogido en Téllez, veían que no se parecían y no comparaban más. Si eran tornillos, no los comparaban con nada recogido en los trenes. Pero cuando el juez ordenó comparar lo recogido en los trenes con el contenido de la mochila de Vallecas, en diciembre de 2005, apareció todo un surtido de clavos y tornillos en casi todos los focos. El juez ordenó entonces repetir las periciales anteriores, pero algunas muestras habían ido a la basura, y solo se compararon fotografías de los clavos y tornillos.

La sentencia establece la naturaleza de las bombas basándose en las características de una mochila que nadie vio en los trenes ni en las minuciosas inspecciones que los Tedax realizaron en todo lo que salía de ellos. Salvo la supuesta metralla, no consta que nada de lo recogido en los trenes haya sido estudiado como posible componente de los artefactos. Al laboratorio de la Policía Científica solo llegó una muestra, mientras en el de los Tedax eran incapaces de determinar la naturaleza del explosivo en todas las que le llegaron.

Cuando en enero de 2007 el Tribunal hubo de responder a una petición de una parte para que se hiciera un reconocimiento de los vagones, tuvieron que coger el teléfono y llamar a Renfe para pedir información, su misterioso interlocutor respondió con datos falsos, con los cuales el Tribunal respondió a la parte peticionaria. Cuando al redactar la sentencia el Tribunal necesitaba incluir la fecha de los desguaces, pidió a Renfe la confirmación escrita del dato telefónico, y Renfe contestó con nuevos datos falsos que se recogieron en la sentencia.

En diciembre de 2006, al resolver el Tribunal Supremo sobre una querella por la Destrucción de los vagones objeto de los atentados del 11 de marzo de 2004, decidió archivarla basándose en que los trenes fueron destruidos «una vez hechos en ellos todas las pericias que se estimaron necesarias». Este criterio del Supremo experimentó un espectacular giro cuando, al resolver sobre un recurso de casación en julio de 2008, afirmó que «puede resultar sorprendente una tan apresurada destrucción, que impidió un estudio posterior más reposado y en profundidad». O sea, la implícita justificación de diciembre de 2006 de la rápida destrucción de los trenes, pues ya se habían hecho «todas las pericias que se estimaron necesarias», se transformó, en diciembre de 2008, en un lamento de esa rápida destrucción, pues se «impidió un estudio posterior más reposado y en profundidad».

Estos son solo algunos de los episodios que ponen de manifiesto que el tratamiento que se dio a los trenes del 11-M no fue, ni mucho menos, el adecuado. Son muchos los misterios, las falsedades, las actuaciones inexplicables. En el presente libro analizaré lo ocurrido desde el día del atentado hasta las últimas actuaciones conocidas sobre los escasos restos que se conservaron y analizaron.